Thatcher

Thatcher

Versione in Spagnolo

1) El alma
Pues hay la leyenda.
En el deporte.
Relativamente fácil.
En el espectáculo.
Pero cierto.
En algún momento específico, de repente, en otro lugar.
Muy difícil, en cambio y, por el contrario, ser (¿volverse?) míticos
en vida, mientras se actúa democráticamente, se opera en la
Política, pues si ante todo no se entiende esta con la inicial
mayúscula.
Pues hay que tener una específica inteligencia.
Y particulares capacidades.
Poseerlas.
Y se necesita ser alimentados por certezas y alimentarlas.
Graníticas.
Y – no contrasta – alguna controlada adaptabilidad.
Y vivir en el justo momento.
Y cuando todo esto te pertenece, te connaturaliza, puedes ser
Margaret Thatcher.
Pues puedes decir che tu deber específico es ocuparte de la gente
siendo absolutamente creída.

¿Es el cotidiano ejercicio de la Política – a la oposición o al
Gobierno que sea – en volverte leyenda?
Contribuye, por supuesto. Pero, por favor, no es suficiente.
Se necesitan los dichos ‘momentos’.
Las decisiones.
Los actos.
Absolutamente, una perceptible y percibida ‘potencia’.
La misma – por supuesto – que te llevará aplicando los principios
del ‘Thatcherismo’, en ser llamada ‘Lady de hierro’.
Pues tiene que pasar que tu País sea atacado por un enemigo en
armas, insignificantes para muchos, en tierras lejanas.
Y que el Gobierno, en tu ausencia, no sepa que hacer.
Y que tu llegues y simplemente digas:
“Señores, tenemos que luchar”, porque todos, hasta el último de los
ciudadanos, entiendan y definitivamente sepan que así es y debe
de ser.
Y que una afirmación como “La sociedad no existe.
Existen los individuos, los hombres, las mujeres”, sea simplemente
inestimable.
Y que frases pronunciadas con aparente indiferencia – implicando
verdadero conocimiento y suprema agudeza – sean profundas.
Máximamente definitivas:
“Los Estados Unidos de América son un producto de la Filosofía.
La Unión europea de la Historia”.
¿Puede decirse o significar mejor?
Y que exprese la sustancia de tu pensar y querer, ¿qué se yo?,
hablando de una parábola.
“Nadie se acordaría del Buen Samaritano solo por sus buenas
acciones.
¡Tenía también dinero!”.

Y que posea ese particular espíritu, al punto que el visitante latino
que se redobla en felicitaciones por tu hermosura te haga
contestar: “Usted tiene buen gusto”, para que se pase
inmediatamente a lo concreto.
¡Como Dios te haya concedido todo esto y, repito, el ‘momento’!

2) Las origines
Margaret Roberts – Thatcher es el apellido del cónyuge, Denis –
cuya condición social (era ija de un comerciante de Grantham, en
el Lincolnshire, y no tubo vida fácil teniendo que frecuentare
escuelas secundarias de pajo perfil antes de obtener por merito
una beca en Oxford y graduarse dos veces, en química para
empezar y derecho después) era modesta, tiene algo en común, no
los destinos, con Richard Nixon, que a su vez ciertamente no ha
vivido entre algodones cuando era joven.
Los dos, en momentos diferentes, han representado una fuerte
visión conservadora, pues los adversarios que tenía que derrotar
(en Estados Unidos como en el Partido al que Margaret había
adherido) eran mucho más diferentes y de una extracción mucho
más elevada, tanto que necesariamente les llegaban consiguientes
disponibilidades económicas inimaginables para los dos.

3) El contexto
Eran esos fines Setenta principios Ochenta los años del dominio
inglés en media distancia.
Sebastian Coe, Steve Ovett, Steve Cram…
Grandísimos.
Y, en realidad, parecía que sólo en este especifico ejercicio atlético
la Vieja Gran Bretaña gobernase.
El Reino Unido registraba un decline político económico contra el
cual era necesario absolutamente operar.
¿Como?

¿Viviendo dificultades políticas aparentemente insuperables?
¡Rebelándose a ellas con absoluta firmeza!
Según la Señora que ya en 1975 había tomado las riendas (una
mujer: novedad absoluta en Europa) del Partido Conservador
arrancándolas a la vieja y acostumbrada clase allá dominante –
que consideraba artífice cuanto los adversarios laboristas del
declino social, cultural, político y económico – luchando firmemente
contra el ‘Estado Socialista’ (así nombrado e identificado) poniendo
en acto la propria ‘Revolución Liberal’.
Ganadas las elecciones en 1979.
Encontrada – pues, lo sabía bien – una situación social como
mínimo tensa, con huelgas en cada lado que paralizaban el País,
luchó inmediatamente y duramente para disminuir el poder de las
poderosas organizaciones sindicales dictando leyes que limitaban
justo el derecho de huelga.
Obtenido triunfalmente – las votaciones de 1983 consiguientes a la
victoria militar del anterior año contra Argentina en la Guerra de las
Malvinas – un segundo mandado, ganó una decisiva pulseada
enfrentando una larga y dramática huelga (eran esos, como dicho,
los tiempos) de los mineros signando el fin de la resistencia sindical
a su Revolución.
La económica parecía resanada.
Había renacido.
Una nueva clase, una ‘media burguesía industriosa’ (la suya)
‘hecha por si misma’, que había luchado para surgir se había
impuesto en diversos aspectos de la vida social y no sólo.
En política extranjera, Gran Bretaña tenía confirmado su proprio
papel de media potencia estrechamente atada a los Estados
Unidos, entonces guiados por Ronald Regan, un afín por muchos
lados.
Seguía habiendo una contrastada y problemática coexistencia,
pero vigorosamente abordada, con una jamás amada Unión
Europea.
Quedando entendido esto, todo bien o más o menos, entonces.
Una tercera y victoriosa campaña electoral (extraordinario: tampoco
Winston Churchill había prevalecido tres veces) parecía confirmarlo
en 1987.

4) El declive
Raro (¡pero no!) pero usual – también si raramente presente a los
demás – que las amarguras son consecuencias de un permanecer
al poder por muy largo tiempo.
Entre el dicho 1987 y el decisivo 1990, se ve lo que vale un peine
por los restantes (Ulster y siempre la bendita Europa) y en algún
caso emergentes nudos (una crisis económica que hace aumentar
la inflación y la vuelve a los niveles de 1979) que provocan
verdaderas dificultades a la Señora.
Dificultades que se concretizan en el abandono por parte de
muchos y autorizados conservadores, colegas de partido y
ministros, de su línea política.
Debilitada, no será confirmada leader del Partido conservador en la
primera votación del Congreso de 1990 (desconfiar de los años que
terminan en cero) y abdicará “para evitar divisiones internas”.
‘Reinó’ desde el 4 de mayo de 1979 hasta el 28 de noviembre de
1990, once años verdaderamente abundantes.
Cuanto nadie jamás en Gran Bretaña de los primeros de
Ochocientos.

5) Un juicio
Escribía Donatella Viti Soglian – cuyas argumentaciones han sido
preciosa guía en estas últimas líneas:
“Después de once años de poder, la Thatcher dejó una Gran
Bretaña en la que la ‘Revolución’, empezada en 1979, no había
terminado.
Ella se había propuesto de substituir las clases hasta ese momento
dominantes – el proletariado que votaba laborista, la aristocracia y
la alta burguesía que constituían el nervio del Partido conservador
– por la ‘meritocracia’ de la cual ella misma era expresión.
En el momento de las dimisiones los laboristas estaban
recuperándose y la vieja guardia conservadora era la que le había
obligada a retirarse”.

6) Después
Por supuesto, la enfermedad.
El impedimento físico y mental.
El consiguiente aislamiento más acentuado.
La muerte en 2013, a ochenta y siete años.
Y la imposibilidad, de hecho, de descansar en paz.
Contraposiciones.
Polémicas.
Juicios políticos absolutamente contrastantes.
“La más grande” por derecha.
“Una verdadera desgracia” por izquierda.
¿Aún?
¡Siempre si eres, como eres, Margaret Thatcher!